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Alimentación infantil: mitos y recomendaciones

Alimentación infantil: mitos y recomendaciones

¡Ya viene el verano y empezamos a pasar más tiempo con nuestros hijos! Así que es una gran oportunidad para introducir nuevos alimentos y hábitos en sus dietas. 

El tema de la alimentación en los más pequeños puede ser complicado para algunas familias. Muchos niños comen una variedad de alimentos muy limitada, no quieren comer verduras o comen demasiados alimentos de mala calidad nutricional, como refrescos, patatas fritas o bollería industrial. Pero, aunque pueda ser un mal rato para muchos padres y madres, debemos intentar cambiar los malos hábitos de nuestros hijos poco a poco. Una mala alimentación hará que no estén bien nutridos y esto puede poner en peligro su crecimiento, desarrollo y su sistema inmunitario o causar peso bajo o sobrepeso. Incluso, en casos más extremos, a largo plazo puede aumentar el riesgo de enfermedades del corazón, presión arterial alta, diabetes tipo 2 o colesterol. 

Rompemos mitos sobre la alimentación infantil

Hay muchísimos bulos sobre sobre la alimentación infantil. Y en Nectina estamos dispuestos a daros un poquito de luz para disipar dudas que pueden surgir en los pensamientos de muchas madres y padres. ¡Empezamos!

  • La comida saludable no tiene buen sabor y es aburrida. Primero, plantéate si la comida debe aportar diversión o nutrientes al cuerpo. Hay mil recetas con ingredientes sanos que ayudarán al buen desarrollo de un niño. Intenta buscar versiones de platos saludables que puedan empezar a integrar esos alimentos que no acaban de convencer al paladar de tu hijo. ¡La cocina es magia! Cocinando puedes cambiar la intensidad de sabores y encontrar la forma de que tu hijo coma aquellos alimentos que no le gustan. Por ejemplo, si a tu hijo no le gustan las espinacas hervidas, puedes probar a prepararla una tortilla de espinacas y queso. El huevo y el queso quitarán intensidad al sabor de esta verdura y estará ingiriendo nutrientes básicos para su desarrollo. 
  • Hay alimentos malos. Ningún alimento es malo, solo existen frecuencias inadecuadas. Ningún niño debería desayunar o merendar todos los días alimentos altos en grasas saturadas y azúcares añadidos, pero tampoco debe dejar de hacerlo por completo. Equilibra la balanza.
  • Un zumo envasado es una pieza de fruta. ¡Grave error! Un zumo comercial contiene azúcares añadidos, que no son lo más adecuado para alimentación de un niño. Además, en estos productos se pierde una gran cantidad del aporte vitamínico y la fibra de la fruta.
  • Los niños pueden tomar más azúcar que los adultos porque necesitan más energía. Rotundamente no. Debemos calibrar el consumo de azúcar de nuestros hijos. Es normal que tengan hambre con más frecuencia y coman porque están creciendo. Sin embargo, no podemos darles continuamente alimentos azucarados. Para saciar este hambre debemos darles alimentos que contengan energía de calidad como frutos secos, fruta fresca, fruta desecada, pan, cereales y pasta integrales, legumbres, proteína poco procesada (carne y pescado frescos o huevos) o lácteos sin azúcar añadido.
  • Los frutos secos son excesivamente grasos. Las grasas de los frutos secos son insaturadas y muy beneficiosas para el cerebro. Además, aportan muchísima energía para los días más cansados como las jornadas de playa, deporte, excursiones o piscina. Una porción de 30 gr al día será un snack muy beneficioso para cualquier niño.
  • Los cereales son un desayuno sano. ¡Pues depende! Los cereales infantiles suelen tener una gran cantidad de azúcares añadidos. Pese a no ser tan atractivos, es mejor decantarse por cereales integrales, no procesados y sin azúcares añadidos.
  • Las galletas no son bollería industrial. ¡Falso! Las galletas industriales son bollería industrial. Si quieres darle a tu hijo galletas, intenta que sean caseras y controlar las cantidades de grasas y azúcares que añades en la composición.
  • Gordito significa sanito. Este es uno de los mitos más extendidos. ¡Y muy típico de las abuelas! Si un niño presenta excesos de grasa, no tiene la talla adecuada para su edad o su IMC es desproporcionado, debes cuidar más que nunca su alimentación. Descuidarla podría ser un factor de riesgo cardiovascular y, definitivamente, eso no es sano.